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Raquel Chan: "Los científicos tememos temor pero estamos dispuestos a defendernos"

La reconocida bioquímica, creadora del HB4, obtuvo el Premio Fundación Bunge y Born. Responde a las amenazas de Milei contra el CONICET: "los países más desarrollados son los que más invierten en ciencia". Y sostiene que el trigo transgénico no afecta al ambiente: "Se trata de producir más en los terrenos que ya tenemos".


Por Luciana Rosende


Tiempo Argentino, 8 de octubre de 2023.- "Los científicos ya tuvimos varios de estos golpes. Parece que cada vez que hay cambio de gobierno hay que salir a decir que no es tan malo que existamos. No está bien eso. La ciencia debería ser una política de Estado, no depender de partidos y gobiernos. No lo es. Hay fuerzas que quieren que lo sea y otras que no. Lo que escuchamos todos ahora es realmente lamentable. Los ejes de las demás campañas tampoco nombran a la ciencia, pero no dicen que van a tacharla del mapa".


Las palabras pertenecen a la bioquímica Raquel Chan, flamante ganadora del Premio Fundación Bunge y Born por sus investigaciones en agrobiotecnología, sobre las promesas del candidato presidencial de La Libertad Avanza, Javier Milei, de privatizar el CONICET y eliminar el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación si llega a la Casa Rosada.


"Tenemos bastante temor los científicos. Pero estamos dispuestos a defendernos y tenemos argumentos. El principal es que los países más desarrollados son los que más invierten en ciencia", destaca la investigadora del Conicet, docente de la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional del Litoral y directora del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral (IAL).


Especialista en biología molecular y celular de plantas y en ingeniería genética, Chan desarrolló con su equipo la tecnología HB4 de tolerancia al estrés por déficit hídrico en girasoles, algo que luego logró llevar a la soja, el trigo y el maíz para mejorar los rendimientos en contextos de sequía. En un trabajo conjunto con la firma Bioceres se le dio escala comercial al trigo HB4, aprobado en Argentina en 2021. El primer trigo genéticamente modificado que está exportándose a en distintos países.



"Va a ser nefasta"


Dedicó su vida a la ciencia. Hoy teme por lo que pueda pasar en el futuro cercano. “Cualquier política que implique retroceder va a ser nefasta, porque no es fácil recuperarse. Se pierden recursos humanos, que es lo más valioso que tenemos: los científicos jóvenes”.


–¿Cuál fue el puntapié inicial para lo que luego sería el desarrollo de semillas tolerantes a la sequía?


–Todo surge de la ciencia básica. De hacerse preguntas y tratar de responder. ¿Por qué algunas plantas toleran más tiempo que otras sin agua? Es una observación fácil: si uno se olvida de regar, algunas se mueren; y otras, no. Pensamos que la que no muere debe tener algún mecanismo que funcione mejor. Elegimos el girasol, que es resiliente, y fuimos sacando de a un gen a ver si la podíamos convertir en más resiliente. Con uno de ellos eso sucedió y decidimos ir por más, ir a cultivos de interés agronómico. Probamos con unos 30 genes. Encontramos otros que tienen utilidades para otras cosas. Es una cuestión de prueba y error. No a ciegas, porque trabajamos con genes que regulan otros genes, que tienen ciertas características estructurales.



El factor ambiental y la frontera agropecuaria


–¿Cuál es su planteo ante los cuestionamientos que genera el avance del trigo transgénico?


–Los detractores dicen que no es amigable con el ambiente. Yo digo que sí. Ellos dicen que no es amigable porque va acompañado con el herbicida glufosinato de amonio. Es verdad, se usa para identificar los genes resistentes. Pero una vez que se usó para eso, se puede no usar más. Si se prohíbe ese herbicida, al HB4 no le hace nada. Es para tolerancia a estrés por sequía, no requiere del glufosinato de amonio. En todos los cultivos extensivos se usan herbicidas. Son todos malos por definición y hay que minimizar su uso. Pero por ahora son necesarios y si no se usaran la producción bajaría mucho. Los sistemas agroecológicos no se pueden aplicar en extensiones muy grandes y nuestro país exportaría mucho menos y generaría más pobreza. Mi argumento es que las plantas con este gen utilizan menos líquido para producir más granos. Fijan más carbono, disminuyen la huella de carbono y usan menos agua, que es el recurso más valioso que tenemos. Producir alimentos con menos agua lo hace muy amigable con el ambiente.


–¿El siguiente paso es lograr cultivos resistentes a las inundaciones?


–Lo hicimos en maíz, arroz y soja con otro gen de girasol. El maíz es lo más avanzado. Tenemos cinco campañas hechas a nivel experimental, en micro parcelas de 5×5 con mucha auditoría de organismos regulatorios. Nos da mucha más producción y tolerancia a inundaciones, tanto anegamiento superficial como inundación más alta. Hicimos un convenio con Bioceres y está bastante avanzado. Creo que HB4 ha sido un hito, pero no alcanza. Es una contribución, mejora un poco, pero no es una planta que resiste todo. Tenemos que hacer más cosas, porque tenemos cada vez más población mundial, más requerimiento de alimentos, más requerimiento de energía y no tenemos que expandir la frontera agropecuaria. Se trata de producir más en los terrenos que ya tenemos.



"No me quería ir"


Raquel Chan cursaba el secundario en la escuela Carlos Pellegrini cuando junto a varios integrantes del centro de estudiantes recibió una amenaza de la Triple A. “Yo estaba en cuarto año. Decidí rendir quinto libre. En septiembre u octubre de 1976 vinieron a contarme que a algunos chicos de esa lista se los habían llevado, que sus padres los estaban buscando. Todavía no se hablaba de desaparecidos. Mis padres se asustaron mucho”, relata la bioquímica sobre su exilio a Israel, donde se graduó como química y bioquímica en 1981 en la Universidad Hebrea de Jerusalén.

“Nunca me quise ir, siempre quise volver a la Argentina. Decidí volver con la democracia”, cuenta. Cinco años después, en 1988 realizó un Doctorado en la Universidad Nacional de Rosario y tras un posdoctorado en el Institut de Biologie Moleculaire des Plantes de la Université Louis Pasteur en Estrasburgo se incorporó en 1993 al Instituto de Biología Molecular y Celular como Investigadora Adjunta de CONICET.



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