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Comunicación efectiva sobre vacunas: un llamado a la acción



Por Teresa Blanco, asistente de proyectos


En Argentina se encuentra garantizado el acceso a toda la población a las vacunas obligatorias gracias a la Ley 27.491/2018, que las establece como un bien social y una estrategia de salud pública preventiva y altamente efectiva. Asimismo, contamos con uno de los calendarios más completos de la región.


Las vacunas son una herramienta clave para la salud pública, ya que se administran para prevenir enfermedades, pero su éxito depende de que las personas puedan, y quieran, acceder a ellas, por eso tanto el acceso como la confianza a las mismas puede ser un desafío incluso en nuestro país.


Según datos relevados en el Índice de Confianza y Acceso a las Vacunas 2020, observamos que la confianza bajó en términos agregados, ya que pasó de un 93,7 (2019), al 86,9, representando una disminución interanual del 7,2%, mientras que en el año 2021 disminuyó un 1,4%, siendo que en estos dos últimos años la confianza hacia las vacunas acumula una disminución de casi un 9%.


Además, se observa que los segmentos con menor nivel educativo reportan peores niveles en el índice de acceso, siendo aquellos entrevistados con primaria incompleta, los que presentan un nivel más bajo de acceso a las vacunas.


En este marco, y en asociación con el Laboratorio de Aceleración del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (LAB PNUD) Argentina, en el año 2020, comenzamos el desarrollo de un proyecto de investigación conjunto en el cual nos propusimos lograr una mayor comprensión acerca del acceso y desinformación con respecto a las vacunas. Entendemos que reforzar la circulación de mensajes positivos a través de una comunicación efectiva sobre vacunas, contrarrestando la desinformación sobre el tema, aumentará la confianza en la inmunización y fomentará la voluntad de la población argentina para ir a los vacunatorios.


En una primera etapa cualitativa del proyecto, se realizaron entrevistas en profundidad y dos tandas de grupos focales. Esas entrevistas fueron realizadas a madres de familia y jóvenes entre 13 y 19 años que asisten a comedores comunitarios.


Los principales hallazgos de estos grupos focales fueron:

  • En el segmento de madres, la motivación de las mismas para vacunar a sus menores a cargo, tiene que ver con el rol jerárquico que ocupan en la toma de decisiones frente a la vacunación y la prevención de enfermedades.

  • En el segmento de los jóvenes, la principal motivación es el cumplimiento de requisitos para tener acceso a programas y prestaciones de la seguridad social, y aparecen como referentes en la toma de decisión sus madres y profesionales de la salud.

  • Los Centros de Atención Primaria de la Salud son valorados positivamente por ambos segmentos, destacándose la amabilidad del personal y la posibilidad de acceder a la información, y son su principal lugar elegido para vacunarse.

  • La principal fuente de información identificada por el grupo de madres es el personal de salud y, en menor medida, realizan una búsqueda activa en internet para evacuar dudas puntuales.

  • Se valoran positivamente las piezas de información en formato físico (folletos, etc.) por sobre el virtual y el lenguaje técnico, utilizado en ocasiones para promover la vacunación, es identificado negativamente.

  • Por el contrario, los jóvenes reportan utilizar internet como principal medio de información, valorando el lenguaje utilizado como claro y accesible, y no jerarquizan el rol de los profesionales de la salud. Mencionan el interés en recibir información complementaria de instituciones educativas y recreativas, y la desconfianza aparece asociada al vínculo entre pares, especialmente con la vacuna contra la COVID-19.


En términos generales, en ambos segmentos se detectaron importantes niveles de confianza hacia las vacunas. No se detectaron problemas de acceso, pero sí oportunidades de mejora en cuanto a la comunicación.


Posteriormente, se realizaron dos tandas de grupos focales en los que jóvenes de entre 15 y 25 años, madres y padres, y adultos mayores a 60 años fueron expuestos a distintas piezas comunicacionales para determinar qué estilos eran más efectivos a la hora de incentivar la acción y la vacunación en general.


Se observó que una campaña de comunicación para ser efectiva como movilizadora de la acción, debe ser concisa, visualmente fácil de decodificar y contundente respecto de lo que se desea comunicar, evitando redundancias y elementos que distraigan del mensaje principal. A su vez, debe apelar a un público diverso, atendiendo a las necesidades y códigos de interpelación específicos de cada segmento poblacional.


De los grupos focales podemos inferir que existe un importante nivel de confianza en relación a las vacunas y la vacunación en general. Sin embargo, se realizaron varios comentarios de tinte negativo en relación a la vacuna de la COVID-19, principalmente radicados en la falta de información y claridad al respecto, hallándose un vínculo directo entre la confianza y desinformación.


Para este año tenemos previsto llevar adelante la última etapa, que consiste en un estudio cuantitativo mediante un sondeo experimental a nivel nacional en redes sociales para testear, de manera individual, la eficacia de los mensajes positivos que tienen como objetivo acabar con los conceptos erróneos, promover el acceso a información y aumentar la confianza en las vacunas.


Completado este trabajo, esperamos contar con un conjunto de piezas de comunicación que formen parte de una campaña sobre vacunas que pueda ser ofrecida a decisores públicos que tengan interés en aumentar las tasas de cobertura de vacunas en general.

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