Sandra Díaz: “La naturaleza no es algo que está ahí afuera: también nos hace lo que hoy somos”


“El cambio climático ha alterado el ‘tapiz de la vida’, el componente fundamental de los ecosistemas”, dice Díaz. Foto Rolando Andrade / Clarín

CLARÍN, 29 de septiembre de 2019 - Sandra Díaz acaba de ganar el Premio Científico de la Fundación Bunge y Born 2019 por su trabajo sobre la contribución de la naturaleza a la vida y el desarrollo de los seres humanos. Sus estudios ecológicos han aportado herramientas fundamentales para contribuir a la sustentabilidad del planeta, focalizándose en los diversos tipos de relaciones que pueden establecerse entre los organismos y el medio ambiente que habitan a nivel local, regional y global. Conversamos con ella sobre los peligros del uso indiscriminado e imprudente que hacemos del planeta, y de cómo estas conductas ponen en riesgo el futuro de la humanidad.



-¿Qué relación se puede establecer entre Biodiversidad y Cambio Climático? ¿Cómo se relacionan e influyen entre sí estos dos términos?


-En primer lugar, habría que señalar que el término “Biodiversidad” supone una complejidad que va mucho más allá de la simple variedad de especies que pueden convivir en un mismo espacio, y la forma en que la actividad humana puede modificar las relaciones entre ellas. Al enfocarnos en la naturaleza, observamos cómo el cambio climático ha afectado la distribución de flora y fauna, haciendo, por ejemplo, que lleguen a lugares donde antes no crecían o desaparezcan de otras áreas. Esa flora y esa fauna, a su vez, reaccionan de distintas maneras ante la presencia y la actividad del ser humano. Esa alteración de la distribución geográfica y los modos de recomposición en la relación entre las especies afectan lo que yo llamo el “tapiz de la vida”, el componente “vivo” fundamental de los ecosistemas, incluidos los agroecosistemas. La naturaleza, el tapiz de la vida, es un factor activo en la regulación del clima, a través, por ejemplo, de la captación de dióxido de carbono desde la atmósfera. Al desaparecer grandes extensiones de vegetación, producto de las deforestaciones o por desastres naturales, se produce la liberación de las enormes cantidades de carbono que éstas contenían, acentuando el llamado “Efecto Invernadero”.



-¿Algo así ocurrió en el reciente desastre ecológico en la Amazonia?


Efectivamente. Las gigatoneladas de carbono liberadas durante este desastre sin duda provocarán una profunda alteración del ecosistema, que puede, a su vez, provocar la desaparición de especies vegetales y animales.



-¿Qué ocurre con la proliferación de monocultivos? ¿En qué medida afectan ese “Tapiz de la vida”?


La progresiva adaptación de la economía agraria a estos monocultivos también influye en la biodiversidad. Estos monocultivos tienen muchas menos tolerancia a los bruscos cambios climáticos que estamos observando. A su vez, requieren de pesticidas y herbicidas que, muchas veces, tienen efectos nocivos sobre la salud de los seres humanos. En este aspecto, la modificación del “Tapiz de la vida” puede apreciarse en la aparición de especies resistentes a esos herbicidas utilizados para tratarlos.



-¿Existe algún método para medir y cuantificar los beneficios de la Biodiversidad?


-En mis investigaciones he trabajado con un conjunto de conceptos y métodos que permiten medir la “Diversidad Funcional” de los ecosistemas, es decir, las características morfológicas y fisiológicas de los organismos que lo integran. A partir de allí, podemos comprender y estudiar qué tipo de roles y funciones cumplen determinadas especies (por ejemplo especies de plantas), cómo pueden reaccionar ante cambios ambientales y cómo ese ecosistema beneficia o perjudica a los seres humanos. Este último paso es interdisciplinario, incorpora conceptos y herramientas de las ciencias sociales. Esto nos permite comprender las relaciones entre los seres vivos del planeta y las sociedades que se benefician de ellos y se entretejen con ellos.



-Las corrientes y teorías negacionistas del cambio climático se basan en el perjuicio económico que acarrearían las limitaciones a la explotación de los recursos naturales. ¿Hasta qué punto están fundadas esas opiniones?


Los negacionistas suelen sembrar dudas sobre cualquier propuesta que, a su criterio, implique reducir las ganancias en el corto plazo. Las tabacaleras, por ejemplo, negaron durante mucho tiempo que fumar fuera perjudicial para la salud, pero finalmente pudo demostrarse la falsedad de esas afirmaciones, y hoy ya nadie se atrevería a dudar de eso. El problema es el daño que se produce durante todo ese tiempo, que es irreparable. Ahora vivimos en una época en la que el beneficio económico a corto plazo está comprometiendo seriamente el bienestar presente de muchos y el futuro de toda la humanidad, por lo que la ecuación entre costos y beneficios debe ser re-evaluada con otros parámetros y a otra escala, en el sentido de que las ventajas económicas de una minoría no pueden obtenerse a costa del bienestar del resto, tanto ahora como en el futuro. Resulta necesario encontrar un nuevo nivel de equilibrio al respecto. Es alentador, por ejemplo, que el G7 haya comenzado a ocuparse de algunos temas vinculados a la “Biodiversidad”. Antes no era un tema de agenda.



-Alguna vez has mencionado que la Biodiversidad es tan importante que puede, incluso, servir como fundamento o inspiración a nivel artístico. El Antropoceno (el período marcado por la influencia profunda y global del ser humano sobre el ambiente) ¿trajo también cierto deleite estético por el fin del mundo tal como lo conocemos?


-La posibilidad del fin del mundo siempre fascinó a la gente de diversas maneras, pero la destrucción del “Tapiz de la vida” no tiene nada de romántico. Quienes así lo creen, es porque no la sufren en carne propia o no la han visto de cerca. Desde lo científico se está alentando la toma de decisiones para modificar este estado de cosas, y no la contemplación indiferente. En ese sentido, la naturaleza no sólo está “ahí afuera”, también nos hizo lo que hoy somos, literalmente, y continúa haciéndonos cotidianamente, más allá de lo que las narrativas dominantes puedan inducirnos a creer.




Entender la biodiversidad


Sandra Díaz es Doctora en Biología por la Universidad Nacional de Córdoba, Doctora Honoris Causa por la Universidad de Buenos Aires, e Investigadora Superior del CONICET, en el Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (IMBIV, CONICET-UNC). Junto a su equipo, trabaja en un marco interdisciplinario desde hace más de 10 años. Es miembro de las Academias de Ciencias de Argentina, Estados Unidos, Francia y el Mundo en Desarrollo. Fue mencionada por la revista Nature en 2018, como uno de los cinco científicos to watch (“para seguir”) en 2019 por co-liderar el Informe Global de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES).


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