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“La tecnología por sí sola no cerrará las brechas de acceso a la salud"


Desde la Fundación Bunge y Born desarrollamos y acompañamos proyectos que exploran las posibilidades de utilización de tecnologías en el ámbito sanitario. En este marco, conversamos con Marina Rojo y Marina Ridao, dos de las fundadoras del Laboratorio de Innovación Tecnológica en Salud Pública, dependiente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, para conocer sobre su trabajo y visión.


El Laboratorio de Innovación Tecnológica en Salud Pública se creó en 2016 con el propósito de promover la innovación y acelerar la adopción de nuevas tecnologías en el ámbito académico y público de la atención de la salud y las políticas de salud.





¿Cómo surgió la idea de crear el Laboratorio de Innovación en Salud Pública?


Marina Rojo: Fue un proceso que se fue gestando con el tiempo. Somos las dos médicas, sanitaristas y docentes. Hace unos años la enseñanza nos llevó a vincularnos con los entornos virtuales de aprendizaje, arrancamos por ese lado con la tecnología, a explorar campus virtuales, pero muy ligados a prácticas pedagógicas innovadoras.



De a poco empezamos a notar la brecha en alfabetización digital, tanto entre docentes como estudiantes, y nos preocupaba especialmente la interpretación de la información. Hacemos salud pública, todo el tiempo estamos en vínculo con los datos con la gestión, y empezamos a notar una falta de competencias básicas, en la búsqueda de información, en el trabajo colaborativo, en los estudiantes, en nuestro nivel también de trabajo cotidiano. También empezamos a sentir que los sanitaristas seguíamos trabajando como en 1980, cuando acá estaba empezando a suceder una revolución de la información. En 2015 entonces surgió la idea de armar algo en la facu pensando en la tecnología aplicada a la salud y desde un punto de vista de la salud pública. Así es como empezamos a pensar en el laboratorio y en armar los primeros datatones. Hoy nuestro trabajo más fuerte tiene que ver con el manejo de datos, la extracción, el procesamiento, la visualización...


¿Qué actividades hacen hoy?


Marina Rojo: En la actualidad, nos enfocamos principalmente en la formación en tecnología a estudiantes de medicina. Ofrecemos cursos de posgrado, como el de "Introducción a ciencias de datos", que están disponibles también para estudiantes de grado. Es cierto que si bien estamos viviendo una transformación digital, los espacios de formación a los que concurren los estudiantes, que son en general los hospitales públicos de la Ciudad o la Provincia de Buenos Aires, no tienen un gran desarrollo en este sentido. Los primeros tres años de la carrera de Medicina estás metido en la facu, leyendo libros. Los segundos tres años estás en el hospital, vas cotidianamente y hay mucho del aprendizaje con el maestro que te lleva a ver a los enfermos, te muestra cómo trabaja. El trabajo en los hospitales sigue siendo todavía bastante semejante a como cuando yo me formé hace 25, 30 años. Todavía no sucedió, en la práctica, un salto masivo. Venimos observando un cambio porque en el laboratorio estamos teniendo cada vez más estudiantes interesados en participar, en ver de qué se trata. Cada vez tenemos más estudiantes interesados en aprender a programar, en aprender sobre análisis de datos. También trabajamos en proyectos, en su mayoría financiados por la Universidad de Buenos Aires.


¿Qué se entiende por "transformación digital"?


Marina Ridao: La transformación digital en salud es un término que implica la irrupción de la tecnología en este sector, pero no se limita a la informatización de procesos existentes. Implica un cambio en la forma en que se llevan a cabo estos procesos y en cómo se crea valor en la atención de la salud.




¿Dónde estamos parados hoy, en Argentina, en relación a este proceso? ¿Cuál es el estado de situación del proceso de transformación digital en salud en nuestro país?


Marina Ridao: Desde el sector público se está trabajando mucho en el registro clínico electrónico, pero aún estamos en una etapa inicial. Hay esfuerzos en todo el país por iniciar este proceso y que impacte en la salud, en la atención, en los cuidados, y que ayude a mejorar el acceso a la salud. Hay avances en la implementación de historia clínica electrónica en la atención ambulatoria, pero en los procesos de internación y registros más complejos todavía estamos comenzando, todavía queda mucho por hacer.


¿Ven a la transformación digital como una oportunidad para cerrar brechas en el acceso

a la salud?


Marina Rojo: Sí, vemos esa promesa, pero también tenemos una visión crítica, somos conscientes de que la tecnología por sí sola no cerrará las brechas. Es necesario trabajar en competencias digitales y en garantizar que todos tengan igual acceso a estas tecnologías. Si no lo hacemos, se va a seguir profundizando esa brecha entre las personas que tienen determinadas competencias y facilidades y otras que no las tienen.


¿Cuáles son los principales desafíos y oportunidades de mejora?


Marina Ridao: La interoperabilidad es muy importante, pero se la suele pensar desde el sector público, y es importante poder ver qué está pasando con las prepagas, la seguridad social. Ahí hay mucho desarrollo tecnológico, que en general está en los prestadores.


También vemos una brecha importante en la toma de decisiones vinculadas a la salud digital. Hay que generar capacidades en los sectores de toma de decisión para que los proyectos que se ejecutan tengan un fundamento. Es necesario que las personas que toman decisiones en este ámbito comprendan el proceso completo y puedan formar equipos especializados para garantizar la seguridad de los datos y la eficiencia en la toma de decisiones. La fragmentación del sistema de salud no ayuda, porque a nivel provincial quizás sí existen las capacidades pero, hacia el interior, cada municipio tiene su propia gestión, con su propia base de datos; ahí hay un espacio para trabajar.


Una de las cosas que venimos pensando desde el Laboratorio de Innovación en Salud Pública es el rol de la universidad en proyectos de salud como asesores. Vemos proyectos que no tienen mucho sustento científico, donde falta la pata académica. Vemos un valor en la universidad porque acá están todos los expertos en salud para dar asesoramiento. La UBA no tiene un perfil de negocios, entonces es más difícil que salgan emprendimientos desde acá, pero sí creemos que podemos aportar valor desde nuestro conocimiento para enriquecer todas esas iniciativas.

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