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MOOC: ¿ángel o demonio en la educación?



Por Valeria Schildknecht, Fellow de la Fundación Bunge y Born



MOOC son las siglas en inglés para llamar a los cursos masivos, abiertos y en línea. Estos cursos tienen la particularidad de ser autoadministrados –cada estudiante puede realizarlos en el momento y tiempo de su preferencia–, a diferencia de los cursos a distancia tradicionales, lo que los hace ser amados y odiados en partes iguales.

Si bien son relativamente nuevos, los MOOC ya invadieron el mundo de la educación en línea. Más de 800 universidades de todo el mundo ofrecen estos cursos gratuitos, abiertos a toda persona interesada en realizarlo y millones de alumnos han pasado ya por sus plataformas; la masividad es otra de sus características distintivas.


Ahora bien, ¿es posible mantener la calidad y el interés de los participantes en un curso gratuito, masivo y autoadministrado?


Una de las grandes críticas que reciben los MOOC es que no son personalizados y, como consecuencia, tienen una alta tasa de deserción. Sin embargo existen distintas estrategias para sortear estas dificultades a la hora de pensar un MOOC.



En primer lugar, al diseñar un MOOC el docente debe pensar el acompañamiento a los estudiantes de antemano. Sin duda es un acompañamiento diferente al que estamos acostumbrados pero puede ser muy efectivo si se lo planifica de la forma adecuada.


La anticipación es la clave. El diseño tiene que anticiparse a todas las preguntas que puedan surgir e intentar resolverlas durante la cursada. Por eso, la experiencia previa como docente puede ser muy útil. Si bien no va a acompañar de forma sincrónica, su voz y su impronta tienen que estar presentes en todo el curso para que el estudiante genere cierto vínculo "virtual" y, por ende, compromiso con el docente. Además, complementar su voz con recursos externos (bibliografía, links de interés, videos, entre otros) enriquece las diferentes clases y permite que los estudiantes puedan profundizar los temas según su propio interés. Asimismo, los MOOC permiten ciertas herramientas útiles para el intercambio entre pares. La clave es utilizarlas eficazmente, pensando en una consigna que promueva el intercambio entre participantes sin requerir de un mediador.


Las distintas opciones de evaluación que ofrecen los MOOC pueden ser una oportunidad para favorecer la permanencia en la plataforma. Tanto los ejercicios de opción múltiple como la evaluación entre pares son, sin dudas, instancias de aprendizaje para los estudiantes y los ayudan a tener cierta idea de interacción con el curso. Los ejercicios de opción múltiple, por un lado, devuelven mensajes del docente –previamente cargados– tanto para las respuestas correctas como para las equivocadas, haciendo un comentario sobre la respuesta o indicando la bibliografía a revisar para responder correctamente, dando al alumno una sensación de acompañamiento.


Por otra parte, la evaluación entre pares estimula la apropiación del aprendizaje en tanto que el estudiante tiene que corregir los trabajos de sus compañeros y, a la vez, recibe comentarios sobre su propia producción. La objetividad es primordial, por lo que las correcciones se realizan en base a una rúbrica, cuyo diseño permite al docente predefinir los aspectos del contenido en los que deberán hacer foco. El diseño de la rúbrica es entonces una parte fundamental del curso.


En la Fundación Bunge y Born ofrecemos cursos en línea para docentes desde 2007, en el marco del Programa Sembrador y desde 2018, los transformamos en MOOC para responder a la demanda de nuestros destinatarios. La experiencia nos aportó ciertas pautas a tener en cuenta a la hora de diseñar un MOOC, lo que hace que nuestros cursos tengan tasas de finalización muy superiores a la media.


A 5 años de haber arrancado con los MOOC como oferta para cursos a docentes, en la Fundación Bunge y Born estamos convencidos que tomamos el camino correcto. Mientras que la bibliografía habla de un promedio del 4% en la tasa de finalización de los MOOC, el promedio de la tasa de finalización de las sesiones especiales de los cursos de la Fundación, llevadas a cabo en convenio con las provincias, es de 54,5%. Asimismo, gracias a este tipo de cursos hemos podido aumentar significativamente la cantidad de estudiantes que los realizan manteniendo la calidad de los contenidos planteada desde un principio.



Los ejemplos que mencionamos arriba son algunas de las estrategias que desarrollamos para el éxito de nuestros cursos masivos. Otra fue, sin duda, la alianza con los Ministerios de Educación provinciales. Los MOOC permiten armar sesiones especiales para un grupo –grande– en particular, lo que permite tener una gran cantidad de estudiantes realizando el curso de forma paralela pero con una identidad común: pertenecer a una misma provincia con realidades profesionales similares. El Ministerio, además, se posiciona como referente en tanto que garantiza la calidad de los cursos y su buen funcionamiento, mientras que otorga puntaje a los docentes que realizan los cursos. Esto aporta validez oficial a la capacitación lo que contribuye a estimular que el estudiante finalice el curso.


Sin duda, fue un desafío abordar cursos masivos, pero la experiencia previa nos ayudó a pensar una estrategia para prevenir el abandono y mantener la calidad, a la vez que nos permitió ofrecer propuestas de enorme valor formativo a docentes y directivos que habitan en zonas rurales, muchas veces de condiciones desfavorables, en las que el acceso a otras oportunidades de formación se ve dificultado. En este tiempo, los MOOC penetraron el terreno educativo y, estamos convencidos, llegaron para quedarse.



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